DÍA 14. UNO CON ABBA


Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

No seremos uno con Dios y con Cristo hasta que logremos que la voluntad de Ellos sean nuestro mayor deseo. El deseo de Abba es que la familia, la primera institución continuamente viva en su presencia. La familia cristiana debe ser un modelo de unidad al mundo.

¡Cuán glorioso es el contemplar que se nos ha invitado a esa unidad perfecta que existe entre el Padre y el Hijo! ¿Cómo puede suceder eso?

Al meditar en esa pregunta, queda claro que debemos comenzar por llegar a ser uno dentro de nosotros mismos. Somos seres duales, con un cuerpo y un espíritu, y a veces no nos sentimos en armonía o tenemos conflictos.

La gloria que hemos recibido de El nos posiciona en una perfecta unidad para ser UNO CON ABBA. Todo conflicto interno que nos aleje de esa perfecta unidad al ponerlo a los pies de JESÚS como familia, entregando nuestras diferencias y buscando ser libre de todo lo que provoque división hará que el mundo vea en nosotros al Padre.

Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

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